D.B Cooper (RSR)
PERFIL DEL CRIMINAL
El caso de D.B. Cooper representa el mayor enigma de la piratería aérea y el único secuestro de un avión no resuelto en la historia de los Estados Unidos. A diferencia de los perfiles criminales violentos, Cooper destacó por una frialdad y una cortesía casi cinematográficas. Descrito como un hombre de unos 40 años, de aspecto impecable con su traje oscuro y corbata negra, proyectaba la imagen de un ejecutivo de negocios más que la de un delincuente. Su inteligencia técnica era superior: conocía al detalle el funcionamiento del Boeing 727, sabía a qué altitud saltar para no morir en el intento y manejaba con precisión la psicología de los negociadores. No era un asesino sediento de sangre, sino un estratega metódico que ejecutó un plan de una audacia sin precedentes antes de desvanecerse en la oscuridad de una tormenta.
LUGARES DE LOS HECHOS
El escenario de este crimen fue el cielo nocturno del Noroeste del Pacífico, en un trayecto que se convirtió en una persecución invisible. Todo comenzó en el aeropuerto de Portland, donde el sospechoso abordó el vuelo 305. El clímax de la tensión se vivió en el aeropuerto de Seattle-Tacoma, donde el avión aterrizó para que Cooper recibiera el rescate y liberara a los pasajeros. Sin embargo, el lugar más crítico del misterio es la cordillera de las Cascadas, en el sur del estado de Washington. Allí, en algún punto entre Seattle y Reno, Cooper saltó desde la escalera trasera del avión a 10,000 pies de altura, enfrentándose a vientos helados y una lluvia torrencial sobre un terreno boscoso e impenetrable. Años más tarde, el río Columbia se sumó a la geografía del caso cuando en sus orillas, en una zona llamada Tina Bar, aparecieron fajos de billetes semienterrados, alimentando aún más las teorías sobre su paradero.
VÍCTIMAS
En términos estrictos, el secuestro de D.B. Cooper no dejó víctimas mortales, pero sí un rastro de terror psicológico y una burla masiva al sistema de seguridad nacional. Las víctimas directas fueron los 36 pasajeros que, sin saberlo, compartieron vuelo con una bomba (o una réplica convincente de dinamita) y la tripulación de Northwest Orient Airlines. Especial protagonismo tuvieron las azafatas Florence Schaffner, quien recibió la nota del secuestro creyendo que era un número de teléfono, y Tina Mucklow, quien permaneció al lado de Cooper durante horas y lo describió como una persona considerada a pesar del peligro. La otra gran víctima fue la propia aerolínea, que tuvo que desembolsar 200,000 dólares en efectivo, y la confianza del FBI, que vio cómo un hombre solitario ponía en jaque a toda su maquinaria de inteligencia.
RESOLUCIÓN
La resolución de este caso es, paradójicamente, su falta de resolución oficial. El 31 de diciembre de 1971, el FBI lanzó la operación NORJAK, una de las búsquedas más extensas y costosas de la historia. Se investigaron a más de 800 sospechosos y se analizaron miles de pistas, incluyendo una corbata negra que el criminal dejó en su asiento, pero el ADN y las huellas nunca fueron concluyentes. A pesar del hallazgo de parte del botín en 1980, nunca se encontró un cuerpo, un paracaídas o el resto del dinero. Tras 45 años de teorías y callejones sin salida, el FBI cerró oficialmente el caso en 2016, dejando el expediente en el archivo de los mitos. D.B. Cooper se convirtió así en una leyenda del folclore criminal: el hombre que saltó hacia la nada y logró lo que nadie más ha podido, escapar para siempre de la justicia sin dejar rastro.
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